El pescador del patio.Retedomus
La mujer dejó las bolsas de la compra sobre el suelo y lanzó un suspiro de alivio.Una voz inquisitiva le pregunta desde un rincón de la casa.
_¿Maria, has traido las sardinas ?
_Si, ahora te las doy.
El hombre moreno, desgreñado con barba de varios dias y arrugado como una pasa, viste una sucia camisa de cuadros y un pantalón de tergal, tapizado por una costra de grasa, como única indumentaria.
Coge una sardina que le alarga la mujer y sopesandola,dice..
_Esta es buena , creo que valdrá .
Sujeta con la mano izquierda el plateado cuerpo del pez y con la derecha introduce la punta del anzuelo por uno de los ojos y lo saca por el otro, comprueba mediante un tirón la firmeza del enganche y asomándose por la ventana va bajando el hilo del que pende la sardina, hasta el suelo del miserable patio. Botellas de plástico renegrido, botes de conserva, cartones de vino vacios , matorrales y hierbas de escombrera tapizan el patio encajonado entre míseros edificios descoloridos, deslavados de mil lluvias. En varias ventanas se observa una escena similar de hilos colgando con una sardina en el extremo.
Dentro de un bidón comido por el oxido, un gato gris levanta repentinamente la cabeza al percibir en el aire el husmillo de la sardina, se yergue con el cuerpo tenso y sale lentamente de su guarida con el rabo enhiesto casi tocándole la cabeza.Con sutil cuidado esquiva las porquerías del patio y caminando con seguridad se acerca a la sardina. En otros puntos del patio se desarrolla con exactitud la misma escena con la única variación del color del gato.Un silencio expectante invade el patio y sus aledaños,no se oye un aparato de radio, nadie tose,no se oye el llanto de ningún niño. Ni siquiera se oye el tráfico de la carretera que pasa al lado de las miserables casuchas amontonadas. La tensión crece por momentos, todo el mundo esta pendiente de lo que ocurre.El gato gris esta oliendo la sardina que se le ofrece tentadora. Está el gato parado, contemplando lo que ha de ser su cena con los sentidos obnubilados, sin reparar en el hilo que nace de los ojos del pez. Da un paso y se acerca definitivamente, agacha la cabeza y comienza a lamer el pez, sus jugos gástricos ya rezuman por las paredes del estomago y con premura hinca los dientes en el lomo del pescado y comienza a comer, devora la mitad del pez hasta las agallas, levanta la cabeza y se relame. En ese preciso instante un par de ávidos ojos que habían seguido con máximo interés el suceso brillan con malicia y las manos tiran suavemente del hilo dejando los restos de la sardina por encima del gato a dos palmos del suelo. El gato al percibir el movimiento tensa las orejas y observa con los ojos muy abiertos los restos de la sardina que ahora penden sobre su cabeza, tremolan sus patas traseras y se lanza en un salto perfecto sobre los restos del pez engulléndolos de un bocado ; a su vez desde la ventana las manos dan un fuerte tirón del hilo y un ronco alarido brota incontenible de las gargantas llenando el patio de ecos sobrecogedores. Varios gatos cuelgan ahora en el vacío con los pelos erizados y pugnando por liberarse del garfio que tienen clavado en sus entrañas.
Lentamente la multitud de manos comienzan a izar sus respectivas presas. El hombre que ha capturado al gato gris con los ojillos brillantes por la emoción se dirige a la mujer, María prepara la cazuela que este pesa por lo menos tres kilos y tenemos comida para varios dias.
sinsangre dijo
Me ha gustado mucho el fragmento. Parece un libro triste en el que el hambre agudiza el ingenio de los vecinos para encontrar algo de carne que llevarse a la boca.
Intentaré encontrar dicho libro en uno de los grandes almacenes de aquí, Gran Canaria. Gracias por el post.
29 Julio 2005 | 06:15 PM