Estudio en Escarlata.Arthur Conan Doyle
El número tres de Lauriston Gardens ofreció un aspecto entre amenazador y siniestro. Formaba parte de un grupo de cuatro inmuebles sitos algo a trasmano de la carretera, dos de ellos habitados y vacíos lo restantes. Las fachadas de estos últimos estaban guarnecidas de tres melancólicas hileras de ventanas, tan polvorientas y cegadas que no habría resultado fácil distinguir unas de otras a no ser porque, de trecho en trecho, podía verse, como una catarata crecida en la oquedad de un ojo, el cartel de «Se alquila». Unos jardincillos salpicados de cierta vegetación anémica y escasa ponían tierra entre la calle y los portales, a los que se accedía por unos senderos estrechos, compuestos de una sustancia amarillenta que parecía ser mezcla de arcilla y grava. La lluvia caída durante la noche había convertido el paraje en un barrizal. El jardín se hallaba ceñido por un muro de ladrillo, de tres pies de altura y somero remate de madera; sobre este cercado o empalizada descansaba su macicez un guar-dia,rodeado de un pequeño grupo de curiosos,quienes, castigando inútilmente la vista y el cuello, hacían lo imposible por alcanzar el interior del recinto. Yo había imaginado que Sherlock Holmes entraría de galope en el edificio para aplicarse sin un momento de pérdida al estudio de aquel misterio. Nada más lejos, aparentemente, de su propósito. Con un aire negligente que, dadas las circunstancias, rayaba en la afectación, recorrió varias veces, despacioso, el largo de la carretera, lanzando miradas un tanto ausentes al suelo, el cielo, las casas fronteras y la valla de madera. Acabado que hubo semejante examen, se dio a seguir palmo a palmo el sendero, o mejor dicho, el borde de hierba que flanqueaba el sendero, fijos los ojos en tierra. Dos veces se detuvo y una de ellas le vi sonreírse, a la par que de sus labios escapaba un murmullo de satis-facción. Se apreciaban sobre el suelo arcilloso varias improntas de pasos; pero como quiera que la policía había estado yendo y viniendo, no alcanzaba yo a comprender de qué utilidad podían resultar tales huellas a mi amigo. Con todo, en vista de las extraordinarias pruebas de facultad perceptiva que poco antes me había dado, no me cabía la menor duda de que a sus ojos se hallaban presentes muchos más indicios que a los míos.
maest dijo
vamos a tener que cambiar nuestra opinión sobre los escritos de Conan Doyle. no sé si habrás leido que una celebrada obra suya posiblemente no lo sea, y su autor verdadero fuera envenenado por el "padre" de Sherlock Holmes. El ADN y las pruebas toxicológicas que se le hagan al cadáver tras su exhumación lo dirán. Qué cosas más curiosas.
Me gusta tu blog. Trocitos de grandes obras literarias.
Saludos :)
29 Julio 2005 | 05:38 PM